domingo, 8 de febrero de 2015

1453

Que llueva la metralla
y griten los cañones con violencia.
¡Constantinopla, estalla!
Esperan tu sentencia
las tropas del sultán con impaciencia.

Metrópolis infiel,
estrella diamantina del oriente,
espejo de Babel.
Que caiga y se reviente
tu orgullo de ramera decadente.

No importa tu fortuna;
tus artes y tus leyes morirán.
Llegó la media luna,
bandera del Corán,
sométete por siempre al musulmán.



sábado, 8 de noviembre de 2014

LA SOMBRA

La sombra –sí, la sombra –vieja amiga,
eterna compañera del camino,
amante despreciada y dulce vino;
me besa, al mismo tiempo me castiga.

Su mundo es de nostalgia y de quimera,
de magia y emoción, de blues y jazz.
Compone sus canciones al compás
del ritmo amargo de la tensa espera.

Demonio de la niebla, de humo y fuego,
de lágrimas, cadenas, piel y espina.
Me atrapa, me tortura y me ilumina,
que tanta sombra y luz me vuelve ciego.

Me sigue silenciosa y sordomuda,
mas nunca me acompaña cuando río.
Calienta el corazón si tengo frío
e inflama mi escritura con su ayuda

Que tengo nombre sólo si me nombra,
y tengo llama sólo si me llama.
No escribo por el oro ni la fama,
mi tinta es de la sombra ¡sí, la sombra!


domingo, 5 de octubre de 2014

ESCENA DE OTOÑO

La grulla, sobre el lago,
avanza con cautela, poco a poco.
No quiere molestar
el campo de nenúfares y lotos.
Un sapo le contempla,
parece congelado más, de pronto,
da un salto inesperado
más alto que la copa del magnolio.
Debajo de las aguas
refulgen como lágrimas de oro
las carpas juguetonas
en un eterno baile revoltoso.
La risa de una biwa
tocada por las manos de Naoko
arranca con dulzura
las hojas del cerezo en el otoño
y vuelan lentamente
posándose en la manga del kimono.



viernes, 5 de septiembre de 2014

YA NO PARECE EL MISMO

Ya no parece el mismo ¿qué le pasa? 
Su brillo se consume lentamente,
se funde entre las sombras de la casa
envuelto en un silencio indiferente.

Se tumba, le abandona la energía,
no busca compañía ni consejo.
Se desintegra en olas de entropía
al contemplar su rostro en el espejo.

Atrás quedó la fuerza de gigante,
el fuego del volcán abrasador,
la risa, la mirada desafiante.
Por no sentir, no siente ni dolor.

Cuando te acercas te contempla serio
como si no estuvieras a su lado.
Le miro y sólo observo un cementerio
maldito por las sombras del pasado.

¡No lucha! ¿Qué sucede? ¿Dónde fue
el universo mágico y distinto?
Si le hablas, no te atiende, ni te ve,
quizás le ha devorado un laberinto.

Como la desgraciada marioneta
que ignora cómo sigue estando viva
se mueve sin propósito ni meta,
como una embarcación a la deriva.

Te pido que me escuches, por favor,
a ti que miras frío desde el cielo:
¡apiádate! ¿No entiendes que es mejor
que duerma para siempre bajo el hielo?