domingo, 5 de octubre de 2014

ESCENA DE OTOÑO

La grulla, sobre el lago,
avanza con cautela, poco a poco.
No quiere molestar
el campo de nenúfares y lotos.
Un sapo le contempla,
parece congelado más, de pronto,
da un salto inesperado
más alto que la copa del magnolio.
Debajo de las aguas
refulgen como lágrimas de oro
las carpas juguetonas
en un eterno baile revoltoso.
La risa de una biwa
tocada por las manos de Naoko
arranca con dulzura
las hojas del cerezo en el otoño
y vuelan lentamente
posándose en la manga del kimono.



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