lunes, 27 de enero de 2014

LA TRIBU

La tribu no desea
que charles en mi idioma;
se apoya en el axioma
del odio de la aldea.
Alienta la pelea
en contra de lo ajeno:
lo propio siempre es bueno,
lo externo siempre es malo.
Su verbo es un regalo,
el nuestro suena obsceno.

La tribu es un racista
que busca un enemigo
y darle un buen castigo
por necio y por fascista.
No importa que no exista,
la tribu se lo inventa.
Llorar es lo que cuenta,
chantaje por dinero,
pedir el mundo entero,
pues nunca está contenta.

La tribu no respeta
los muertos ni la historia.
Inventa, a mayor gloria,
pasados de historieta
que apoyen su rabieta.
Si sirven a su yugo,
las manos del verdugo,
son manos de patriota;
la tribu no es idiota
y a todo saca jugo...





domingo, 5 de enero de 2014

NO ESTÁS

No estás y todo me parece muerto,
inane, gris, vacío, amargo, duro,
lluvioso, frío, helado, denso, oscuro,
absurdo, extraño, raro, falso, incierto.

Sin ti ya sólo queda desconcierto,
un mundo sin presente y sin futuro.
Sin ti me sentiré tan inseguro
que no podré jamás hallar buen puerto.

No cuelgues todavía, que estoy triste,
muriendo porque nunca estás aquí...
¿Es él a quien se escucha, vida mía?

Recuerda la promesa que me hiciste;
no olvides que me quieres sólo a mí.
No llores más... y llámame algún día.






viernes, 6 de diciembre de 2013

SHUB-NIGGURATH

Algo se agita en el fondo del bosque
más poderoso y siniestro que un dios.
Una blasfemia viviente sin rostro,
una maldad del espacio exterior.

Nadie, en la tribu, se atreve a acercarse,
salvo el anciano y demente chamán.
Todos los años desangran un niño
por la clemencia de Shub-Niggurath.

Oyen los gritos que piden ayuda,
no les importa, lo exige su ley.
Saben que sólo los ritos horrendos
logran calmar brevemente su sed.

Necios, no saben que están condenados,
porque lo eterno no puede morir.
Cuando los astros ocupen su sitio
nada podrá protegerles del fin.



martes, 19 de noviembre de 2013

ALFARERO

Tú, que vives y reinas
más allá de los siglos,
más allá del espacio
congelado y vacío,
arquitecto supremo,
hilador del destino,
alquimista del alma,
óyeme, te maldigo.

En tu reino dorado
no se escuchan los gritos.
Nunca llegan los rezos
ni los sueños perdidos,
ni los dramas corrientes,
ni el dolor opresivo
ni la guerra, ni el hambre,
la violencia, el sadismo.

Vives libre del mal.
Te rodea un castillo
de brillantes querubes
con sus voces de niño,
sus canciones perfectas
y sus rostros magníficos.
Qué soberbio es su nombre,
creador: “Paraíso”.

Aquí abajo sabemos
que vivir es delito
y el reloj es un látigo
lacerante, asesino.
Todo aquello que nace,
muerte lleva consigo,
se corrompe y enferma,
y el vigor es efímero.

Existir se castiga
con la muerte, el olvido,
y el dolor por la pérdida
de los viejos amigos.
Todo aquello que amaste,
al final, da lo mismo
si la vida es un sueño
breve, amargo, ficticio.

Tú que vives al margen
del brutal laberinto
que crearon tus leyes
al forjar este abismo,
sin sufrir decadencia
ni temer al peligro
hoy te grito, alfarero:
¡óyeme, te maldigo!